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sábado, 23 de enero de 2010

Literatura

Hay libros que te marcan… Unos porque, aún siendo obras de arte de la literatura, te obligaron a leerlos en el colegio, el instituto o la universidad y eso hizo que no gustasen nada o incluso se odiaran (en mi caso “El Quijote” que me marcó para mal por culpa del profesor de literatura). Y otros libros, aún no siendo tan buenos desde el punto de vista de la crítica literaria, te hacen recapacitar, sentirte bien, ser mejor persona… o simplemente te sirven de apoyo en un momento preciso de tu vida y los recuerdas con cariño…
Hace unos años, para mi, ese punto de partida de una nueva manera de ver la vida fue “Temor y Temblor” de Søren Kierkegaard. Un libro de filosofía, con un toque romántico y religioso… una lectura interesante de la que se pueden extraer muchas ideas. Y sin duda este párrafo es la mejor muestra que se me ocurre (la llevo allá dónde voy):
“No será olvidado quien fue grande en este mundo, y cada uno de nosotros ha sido grande a su manera, siempre en proporción a la grandeza del objeto de su amor. Pues quien se amó a sí mismo fue grande gracias a su persona, y quién amó a Dios fue, sin embargo, el más grande de todo. Cada uno de nosotros perdurará en el recuerdo, pero siempre en relación a la grandeza de su expectativa: uno alcanzará la grandeza porque esperó lo posible y otro porque esperó lo eterno, pero quien esperó lo imposible, ese es el más grande de todos. Todos perduraremos en el recuerdo, pero cada uno será grande en relación a aquello con que batalló. Y aquel que batalló con el mundo fue grande porque venció al mundo, y el que batalló consigo mismo fue grande porque se venció a sí mismo, pero quien batalló con Dios, ese fue el más grande de todos…”
Søren Kierkegaard. Temor y Temblor.